Importaciones y compras por correo, a la vista
Las importaciones tienen su propia sección, con el costo real puesto en bodega, y Compras muestra primero lo que más tiempo ahorra: las facturas de los proveedores que llegan solas por correo.
Punto de venta, factura electrónica de Hacienda, inventario, WhatsApp, tienda en línea y los módulos de cada rubro, en la nube y en varios idiomas.
https://posfacturacr.com/portafolio/es · octubre 2026
Para cualquier negocio que vende: una tienda, una llantera, un restaurante, un salón de belleza, un taller de celulares o una farmacia. Cada negocio enciende los módulos que necesita y el menú le muestra solo lo suyo.
El sistema vive en la nube: no hay que instalar servidores ni hacer respaldos a mano. Se entra desde el navegador, desde la app del celular o desde la app de escritorio para Windows.

Cada negocio enciende los módulos que necesita. Toque uno para ver qué hace, con sus pantallas.
Una caja rápida para vender con escáner, teclado o pantalla táctil, cobrar con varias formas de pago en la misma venta y cerrar el día con arqueo, en una o varias sucursales. Con cotizaciones, apartados, crédito y devoluciones en la misma pantalla.
En el mostrador se pierde plata de muchas formas: filas que se van porque cobrar tarda, descuentos que nadie autorizó, vueltos mal dados, cajas que no cuadran y facturas que hay que hacer a mano después. El punto de venta resuelve el día completo del cajero: buscar o escanear el producto, elegir el comprobante, cobrar con lo que traiga el cliente (aunque sean tres formas de pago distintas), entregar el comprobante por papel, correo o WhatsApp, y al final cerrar la caja contando el efectivo. Lo que se vende baja del inventario y, si su negocio factura con Hacienda, el comprobante sale solo.



Todos los comprobantes electrónicos de Hacienda de Costa Rica, emitidos desde la caja sin pasos extra, con el certificado de cada sucursal. Y del otro lado, las facturas de sus proveedores recibidas, respondidas y listas para el contador.
Facturar con Hacienda no debería frenar la caja ni quitarle tiempo al dueño. Hoy muchos negocios pierden horas con comprobantes rechazados que nadie revisa, consecutivos que chocan, tiquetes que el cliente después quiere a su nombre y un contador que pide los XML a fin de mes. Este módulo emite cada comprobante solo, al cobrar, lo envía a Hacienda en segundo plano, le avisa qué hay que corregir cuando algo sale mal, recibe las facturas de sus proveedores y le manda al contador el paquete del mes sin que nadie tenga que acordarse.


Las existencias exactas de cada sucursal, con kardex, traslados, toma física con escáner o Excel, etiquetas, listas de precio y alertas. Y la mercadería a consignación controlada aparte, hasta el pago al proveedor.
Un inventario que no cuadra cuesta dos veces: se pierde la venta del producto que el sistema decía que había y se compra de más lo que sobraba en la bodega. Este módulo lleva la existencia de cada producto en cada sucursal y deja el rastro de cada movimiento: quién vendió, quién ajustó, quién trasladó y por qué. Con el escáner, contar la bodega es cuestión de minutos, y los reportes dicen cuánta plata hay en estantería y cuánta está dormida.



Las facturas de sus proveedores llegan solas por correo y se convierten en compras sin digitarlas, con los códigos de cada proveedor aprendidos, la mercadería recibida por partes y por sucursal, y lo que se le debe a cada uno al día.
Registrar compras a mano es lento y es donde nacen los errores: costos mal digitados, mercadería que llegó y nunca entró al sistema, facturas que nadie registró y abonos al proveedor que no cuadran con su estado de cuenta. Con este módulo nadie digita una factura: el sistema lee el correo donde los proveedores mandan sus facturas, las guarda solas, la compra se llena con sus líneas, aprende con qué código factura cada proveedor cada uno de sus productos y deja la deuda al día. Lo que viene del exterior tiene su propio módulo: Importaciones.




El contenedor seguido desde la proforma hasta que entra a cada sucursal, con el flete, el seguro y la aduana repartidos para saber el costo real puesto en bodega y el margen de verdad.
Importar es donde un negocio se juega el margen: la mercadería tarda meses, paga flete, seguro y aduana, llega en un contenedor que hay que repartir entre varias sucursales y se le paga al proveedor del exterior en varios giros. Si el costo que se ve en el sistema es solo el precio del proveedor, el margen de los productos importados es una ilusión. Este módulo sigue cada pedido desde la proforma hasta que la última sucursal recibe lo suyo, y reparte todos los gastos para que cada producto quede con su costo real puesto en bodega.


Para el negocio que vende a crédito: planes de cuotas, abonos a nombre de quien cobró, quién pagó y quién no en la quincena, y los clientes atrasados en el orden en que hay que salir a cobrar. Con SINPE Móvil conciliado solo y rutas de cobro por cobrador.
Vender a crédito hace crecer las ventas, pero solo si se cobra. El problema de siempre es saber a fin de quincena quién pagó, quién no, cuánto trajo cada cobrador y qué cliente lleva meses sin aparecer. Este módulo arma el plan de cuotas de cada crédito, guarda cada abono a nombre de quien lo recibió y entrega los reportes para salir a cobrar. Con SINPE Móvil, los pagos que llegan al banco entran solos y se enlazan con la venta, sin revisar el celular ni pedir capturas.


El cliente encarga y queda por escrito qué lleva, a qué precio y para cuándo, sin mover inventario ni caja hasta la entrega. Ese día se factura desde la misma orden, con la hoja de ruta del repartidor en el celular.
Cuando un cliente encarga algo para otro día, el pedido suele quedar en un papel, en un chat o en la memoria del vendedor: después nadie sabe a qué precio se pactó, para cuándo era ni si ya se entregó. Las órdenes de pedido dejan el encargo por escrito con su número, su fecha de entrega y su precio, sin tocar el inventario ni la caja. El día de la entrega, la factura sale de la misma orden, sin volver a digitar nada.

Todos los números del negocio en un solo lugar: ventas, utilidad, caja, clientes, cobros, inventario, compras y Hacienda, por período y por sucursal. Cada informe se baja en Excel o PDF o se manda por correo o WhatsApp.
Un dueño que solo mira cuánto vendió no ve si está ganando, qué producto dejó de rotar o qué sucursal rinde menos. Los informes contestan esas preguntas con los datos que el sistema ya tiene, sin armar hojas de cálculo a mano. Están ordenados por tema, se filtran por período y sucursal, y se mandan al contador o al socio con un clic. Todos cuentan igual, para que los números cuadren con la caja.

Su catálogo publicado en internet con los mismos productos, precios y existencias del sistema, con pedidos, ofertas, cupones y opiniones, preparado para salir en Google y para cerrar la venta por WhatsApp.
Tener una tienda en internet suele significar cargar los productos dos veces, precios que no coinciden con los de la caja y pedidos que llegan por un lado mientras el inventario se lleva por otro. Con este módulo, lo que está en el inventario del sistema es lo que se ve en la tienda: mismo precio, mismo IVA y la disponibilidad de cada sucursal. El cliente arma su pedido o consulta por WhatsApp, y usted lo atiende desde el mismo panel donde factura.


Una bandeja compartida para atender el WhatsApp del negocio entre varias personas, con atención automática que responde como su negocio con el inventario real, campañas por tandas y redes sociales que se publican solas.
En muchos negocios el WhatsApp vive en un solo celular: lo contesta quien lo tenga en la mano, los mensajes de la noche se quedan sin respuesta y nadie sabe si a un cliente ya le pasaron el precio. Este módulo pone el WhatsApp del negocio dentro del sistema, para que varias personas atiendan el mismo número desde la computadora, con colas, etiquetas y respuestas rápidas. Y si lo desea, una atención automática contesta a cualquier hora con los productos, precios y sucursales que de verdad tiene el sistema.

/ en el chat.Mesas, comandas a cada estación, pantalla de cocina, cuentas divididas por comensal, servicio de ley, pedidos a domicilio y de las apps de delivery, todo conectado con la caja y la factura electrónica.
En un restaurante el desorden cuesta plata: comandas en papel que se pierden, platos que salen tarde, cuentas que hay que dividir a mano entre seis personas y una propina que al final de la quincena nadie sabe cómo repartir. Este módulo lleva la operación del salón de punta a punta: el mesero abre la mesa, la comanda llega a la estación que corresponde, la cocina la ve en su pantalla y la cuenta se cobra como el cliente quiera, con el comprobante electrónico que corresponda.


La agenda de citas de su equipo, reservas en línea desde su propia página, anticipos por SINPE Móvil, recordatorios por WhatsApp, ficha técnica de cada clienta, comisiones y propinas que se calculan solas.
En un salón, una barbería o un spa, la plata se pierde en lo que no se ve: la clienta que olvidó su cita y deja la silla vacía, el teléfono que nadie contesta mientras se atiende, la fórmula del tinte que nadie anotó y la discusión de cada quincena por las comisiones. Este módulo ordena el día completo: la agenda de cada profesional con sus horarios reales, una página propia donde las clientas reservan solas a cualquier hora, recordatorios automáticos por WhatsApp y el cobro en el punto de venta, con la comisión y la propina de cada quien calculadas sin calculadora.


Recibir equipos con todo anotado, seguir cada reparación por etapas, rebajar los repuestos del inventario, pedir la aprobación del presupuesto por WhatsApp y cobrar en el mismo punto de venta. El cliente consulta su equipo solo, con un código.
Add-on: se contrata aparte
En un taller de celulares o computadoras los problemas se repiten: el «así no lo traje» al entregar, la pantalla que figura en bodega pero ya está puesta en otro equipo, el presupuesto que el cliente dice que nunca aprobó y el teléfono que no para de sonar con «¿ya está mi celular?». Este módulo ordena el taller de punta a punta: el equipo se recibe con su estado, sus accesorios y su clave guardada con seguridad; cada reparación avanza por etapas que todos ven; los repuestos salen del inventario al ponerlos; y el cliente aprueba, consulta y recibe avisos por WhatsApp sin que nadie tenga que acordarse.

Un punto de venta hecho para el mostrador de una farmacia, con genéricos por principio activo, recetas y controlados, lotes que salen por vencimiento, venta por caja, blíster o unidad, alergias del paciente y recordatorios de recompra.
Add-on: se contrata aparte
Una farmacia no se maneja con un punto de venta común: hay que encontrar el medicamento por su principio activo, ofrecer el genérico más barato, pedir la receta cuando corresponde, no vender un lote vencido y partir una caja en tabletas sin que el inventario se descuadre. Este módulo convierte el sistema en el de una farmacia, con su propio mostrador, sin cambiar de caja ni de facturación: los mismos cobros, el mismo cierre y la misma factura electrónica, con las herramientas de farmacia encendidas.


Un asistente virtual que contesta el teléfono de su negocio cuando nadie puede, consulta el inventario real, aparta, manda la información por WhatsApp, toma recados y pasa la llamada a una persona cuando hace falta. Funciona con cualquier central telefónica SIP.
Add-on: se contrata aparte
Cada llamada que nadie contesta es un cliente que probablemente le compra a otro: a la hora de almuerzo, en el momento de más trabajo o fuera de horario. Este módulo pone un asistente virtual a contestar el teléfono del negocio cuando nadie puede. Se presenta como asistente virtual, trata de usted y responde con los datos reales del sistema: qué hay, el precio, dónde queda cada sucursal y su horario. Si hace falta, aparta, manda la cotización por WhatsApp, toma un recado o pasa la llamada a la sucursal correcta. Se conecta a la central que usted ya tiene, sin cambiarla.


Un reloj marcador en el celular o en una tablet del local que hace difícil marcar por otro, y una planilla que sale sola de las marcas, con extras, feriados, vales, CCSS, renta, aguinaldo, vacaciones y boletas de pago en PDF.
Add-on: se contrata aparte
Llevar la asistencia en un cuaderno o con un reloj de tarjetas termina siempre igual: el compañero que marca por otro, la hora corregida a mano, las extras que nadie sabe de dónde salieron y una tarde entera sumando horas para la quincena. Este módulo resuelve las dos puntas. Los empleados marcan desde su celular o desde una tablet del local, con candados para que nadie marque desde la casa ni por otro; y la planilla se calcula sola con esas marcas, el horario de cada empleado, los feriados y los vales, hasta la boleta de pago lista para firmar.

Para los negocios que venden minutos de uso —pistas, canchas, mesas de billar o salas—: un tablero con el reloj de cada lugar, cobro por bloque o por tiempo libre y cada minuto regalado con nombre. Y el control de los espacios publicitarios que se alquilan a otros comercios.
Un negocio que cobra por tiempo vive pendiente del reloj: cuánto lleva la pista tres, a quién se le acabó el turno, cuánto se le cobra al que se pasó y quién le regaló diez minutos a un amigo. Este módulo pone todo eso en un tablero: cada lugar con su contador, colores que avisan cuando el tiempo se agota y un botón para cobrar que deja la venta lista en la caja. Sirve igual para una pista de carros, una cancha, un billar o una sala de karaoke: usted le pone las palabras y los precios de su negocio. Y si además alquila las paredes a otros comercios para su publicidad, el sistema le lleva los contratos y le avisa antes de que se venzan.

El cliente deja sus datos para la factura electrónica escaneando un QR en el mostrador, sin que el cajero digite nada. Y después de la venta le llega un WhatsApp con el enlace para calificar a su sucursal en Google.
Dos momentos del mostrador que casi siempre se pierden. El primero, al cobrar: digitar cédula, nombre, teléfono y correo para la factura electrónica toma su tiempo, con el cliente esperando y la fila creciendo, y un correo mal escrito significa una factura que nunca llega. El segundo, después de cobrar: el cliente se va contento y nadie le pide la reseña que lo haría aparecer más arriba en Google. Estos dos complementos le pasan el primer trabajo al cliente, que es quien tiene los datos, y hacen el segundo solos.

Las contraseñas, cuentas, tarjetas y equipos del negocio guardados cifrados dentro del sistema, cada uno visible solo para quien debe verlo, con su PIN, su bitácora y avisos de vencimiento. Además, los servicios de cada sucursal con sus pagos y facturas.
Add-on: se contrata aparte
En casi todos los negocios las contraseñas viven en una libreta, en un archivo de Excel o en la cabeza de una sola persona: la del correo, la del banco, la de Hacienda, la del router, la de las cámaras y la del datáfono. Cuando esa persona se va o se enferma, nadie sabe entrar a nada; y cuando se comparten por WhatsApp, quedan para siempre en el teléfono de cualquiera. Contraseñas las guarda cifradas dentro del sistema, como un gestor de contraseñas profesional, pero con todo el equipo trabajando desde el mismo lugar y cada persona viendo solo lo que le toca. Y suma lo que un gestor común no tiene: las cuentas y tarjetas del negocio, los equipos de cada sucursal y los servicios que se pagan cada mes.

La app de escritorio para Windows vende y factura aunque se caiga el internet y conecta varias cajas del mismo local en red. La app para iPhone y Android lleva el sistema en el bolsillo.
El sistema vive en la nube y se usa desde cualquier navegador. Pero hay negocios donde eso no alcanza: el local donde el internet se cae a media tarde y la fila no espera, o el negocio con tres cajas que tienen que ver el mismo inventario al segundo. Para esos casos están las apps: una para la computadora de la caja, que sigue vendiendo sin internet y se pone al día sola, y otra para el celular, que acompaña al dueño fuera del mostrador.

Un asistente que contesta con los datos reales de su negocio —cuánto vendió, qué se está agotando, cuánto le deben— y que enseña a usar el sistema con un botón que lo lleva a la pantalla. Y un chat interno para que el equipo hable entre sucursales sin usar el WhatsApp personal.
El dueño quiere saber cuánto se vendió hoy sin abrir tres reportes, y el empleado nuevo quiere saber cómo se anula una factura sin interrumpir a nadie. El asistente con inteligencia artificial contesta las dos cosas en lenguaje normal: las preguntas sobre el negocio, con los datos reales de su empresa; y las preguntas sobre el sistema, con los pasos del manual y un botón que lleva directo a la pantalla. Además, puede dejar armado un pedido o una factura a partir de lo que usted le dicte, siempre esperando su confirmación. Y para que el equipo se coordine sin mezclar lo del trabajo con el WhatsApp personal, el sistema trae su propio chat interno.

El sistema se conecta con lo que su negocio ya usa —WhatsApp, su correo, Gmail, Hacienda, Google, Facebook e Instagram, las apps de delivery y los avisos del banco— para que la información entre y salga sola, sin copiar y pegar.
Un negocio de hoy trabaja con muchas herramientas a la vez: WhatsApp para atender, el correo para mandar facturas, el banco que avisa de cada SINPE, Google para que lo encuentren, las redes para anunciar y las apps de delivery para vender a domicilio. Cuando nada de eso se habla entre sí, alguien pasa el día copiando datos de una pantalla a otra. El sistema se conecta con esas herramientas para que los pedidos, los pagos, las facturas y los clientes entren y salgan solos. Cada conexión se enciende desde el panel, y lo que no se configura queda apagado.

Lo que trae todo el sistema, sin importar los módulos: sucursales, usuarios con roles y permisos, bitácora, doble factor, respaldos, cinco idiomas y varios países, su marca, gastos, membresías y puntos, tarjetas de regalo, seguimiento de ventas, comisiones de vendedores y el portal del contador.
Antes de vender hay que poder confiar en el sistema: saber que cada persona ve solo lo que le toca, que lo que se cambia queda anotado, que la información está respaldada y que el contador recibe lo suyo sin que nadie se acuerde. Todo eso viene incluido, en cualquier plan y para cualquier rubro. Junto con las herramientas del día a día que sirven a cualquier negocio: los gastos, los clientes que vuelven, las tarjetas de regalo, las ventas que están por cerrarse y las comisiones de los vendedores.

El sistema mejora todas las semanas. Esto es lo último que se agregó.
Las importaciones tienen su propia sección, con el costo real puesto en bodega, y Compras muestra primero lo que más tiempo ahorra: las facturas de los proveedores que llegan solas por correo.
Una página pública que presenta todos los módulos con sus pantallas, en los cinco idiomas y en PDF, para compartir por WhatsApp o correo.
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